Buenas de nuevo mis wanderlusters!

Acabamos la saga de Japón (por lo menos de momento) con una excursión maravillosa y muy recomendable desde Tokio.

La ciudad que hoy vamos a tratar es Nikko. Conocida por su Parque nacional y su complejo de santuarios y templos.

Otra vez el JR Pass nos hace la gran función, y esta vez tardaremos un poquito más, calcular como dos horas de ida y otras dos de vuelta.

Por lo cual organizad bien el día porque Nikko es grande y en transporte ya se os van a ir casi 4 horas.

La parte positiva de esto es que merece muchísimo la pena. Y estoy convencida de que os va a encantar.

Lo primero que os aconsejo visitar es el Santuario Toshogu. Un santuario que os va a sorprender muchísimo por su ostentación. Los colores, el brillo, el detalle de todo, su mezcla del budismo con el sintoísmo. Es alucinante.

Hay un torii de granito espectacular, del año 1618, justo a la entrada del santuario.

Una pagoda de 5 pisos y una puerta asombrosa, que me dejaron con la boca abierta.

Y llegamos a un Omizuya, donde se puede beber agua »sagrada» para purificarnos.

Las puertas Yomeimon y Karamon, para mi fueron lo más espectacular de esta visita.

Todo el paseo y los templos que nos vamos encontrando, son de una belleza increíble. A parte, como podéis ver en las fotos nosotros fuimos un día nevado y el espectáculo aún era mayor.

De aquí podemos pasar al Santuario Futarasan, porque está muy cerquita. Es un templo dedicado a las 3 montañas sagradas de Nikko.

Construido en el año 782, es más pequeño y menos vistoso que el Toshogu, pero el torii que da acceso es especialmente bonito y da mucha suerte a las chicas que buscan un buen matrimonio y mucha fertilidad.

Para mi lo más bonito sobretodo de este templo es que está rodeado de mucha vegetación y el ambiente que se mezcla con la naturaleza lo hace realmente especial.

Para acabar esta zona, podemos llegar hasta el Mausoleo de Tokugawa Iemitsu, primer shogun Tokugawa.

A partir de aquí fuimos a buscar una zona para comer y ya nos perdimos. Encontrar algo abierto por la hora, nos fue prácticamente imposible, pero dimos con un sitio super pequeño y muy acogedor.

En el camino, que por lo que he visto está como a un kilómetro de Futarasan, nos topamos con el Puente Shinkyo de casualidad.

Tiene mucha fama por ser uno de los tres más bonitos de Japón, pero bueno, para mí es bonito sin más. Eso si, la foto que tengo es un churro.

De repente empezó a anochecer y nos dirigimos a buscar directamente las estatuas de piedra de Jizo, en la ruta Kanman.

Jizo es el Dios que en el budismo protege a los niños fallecidos o que no han llegado a nacer. Tienen un gran respeto por este tipo de hechos y les parece muy importante que no caigan en el olvido.

Estábamos completamente solas, imagino que porque ya era de noche y el frío en la nieve era bastante considerable.

No estuvimos mucho rato precisamente porque la iluminación brillaba por su ausencia. Pero mereció muchísimo la pena, ya que ese camino de figuritas no parecía tener fin.

De aquí ya directamente volvimos al tren, y caminito de vuelta a Tokio.

Espero que os haya gustado la saga de Japón, sobretodo que os sirva de ayuda a los que viajéis próximamente o simplemente que os anime a visitar este país espectacular.

Yo desde luego, volveré.

Amo Japón

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